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La Pantalla Ubicua. Comunicación en la Sociedad Digital. Ciccus/La Crujía. Buenos Aires 1999 ISBN: 9879749839. Prólogo de Marcial Murciano La expansión de las TIC caracteriza las sociedades contemporáneas. El presente volumen aporta un estudio exhaustivo y documentado del proceso de digitalización, enfatizando aquellos aspectos menos abordados de las transformaciones en curso: su génesis, las causas propulsoras, las consecuencias que acarrean para la vida cotidiana del conjunto social. Nota: Una edición especial de 1800 ejemplares de este libro fue distribuida en la red de Bibliotecas populares de la Argentina. Extractos del libro: Hacia una nueva comprensión del mundo (extraído del capítulo Senderos del Futuro. Conclusiones provisionales). Si desea comprar este libro puede dirigirse a Prometeo Libros o a La Crujía Visite el weblog Tecnocultura contemporánea Ir a Publicaciones |
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Las
ideas, a pesar de su aparente inocuidad, poseen un
enorme poder de transformación. Su eficacia no es inmediata y en
ocasiones tampoco es intuible. Pueden pasar muchos años, generaciones
enteras a veces, hasta que sus efectos sean tangibles. Su influencia no
depende necesariamente de una gran difusión inicial, sino que impregnan
gota a gota el espíritu del cuerpo social,
pues la transformación de cada persona incide en la transformación
del mundo.
Las ideas no deben ser prisioneras de los hechos puntuales a los
que muchas veces se refieren, pues su validez ha de trascender la
urgencia de lo inmediato. Pensar para los otros, pero no por los otros.
En esto reside una de las funciones fundamentales de quienes asumen la
responsabilidad de ofrecer a la sociedad el fruto de su reflexión. Han
de revelar nuevos senderos de comprensión para los viejos interrogantes
de la humanidad e interpretar las dudas del presente para preparar el
futuro.
Plantearse las preguntas adecuadas es imprescindible para hacer de
la reflexión un ejercicio fértil, susceptible de mejorar al menos una
pequeña parcela de la realidad a través del conocimiento El
lenguaje verbal es, a pesar de sus indudables limitaciones, el
instrumento más eficaz que poseemos para expresar nuestras ideas. Sin
embargo, el uso continuo de términos fosilizados y conceptos
preconcebidos pueden condicionar y determinar la esclerosis del
pensamiento, coartando su creatividad potencial. Los discursos se repiten
con aburrida constancia y son pocos quienes se atreven a atravesar las
puertas del dogmatismo establecido. Los temores atenazan las plumas y el
habla. Los prejuicios se agrupan junto a las memorísticas máquinas
electrónicas que, cuan cíclopes incansables, han de fraguar las mágicas
herramientas con las que se construye el saber. Un saber paralizado y
perenne, inválido de nacimiento pues olvidan la vida. Dejar
atrás las viejas concepciones que han legitimado la crueldad y la
violencia como justas representaciones del orden y la justicia. Olvidar
las palabras utilizadas durante siglos como puñales para asesinar la
alegría de la risa y del amor. Descartar el pensamiento impuesto que
justifica la humillación como mecanismo natural de la supervivencia.
Escapar de las dentelladas del lobo con piel de plástico y venas de
silicio que acecha detrás de los pasillos. No temer el juicio divino de
los falsificadores de la verdad, aunque no tengamos ninguna verdad
que ofrecer a cambio. Rindámosnos a la tentación de aceptar nuestra
rebeldía sin sollozar de miedo al sentirnos solos, pues no lo estamos.
Desenredemos la madeja y modelemos un lenguaje diferente para decir cosas
diferentes. Casi un sueño. Las
palabras son el cicerone impuesto puesto por el discurso para señalar
los rincones relevantes e imponer las paradas obligadas en un recorrido
por los diferentes paisajes de la inabarcable megápolis de la realidad.
Una realidad, que en las sociedades de nuestro entorno político, económico
y cultural se encuentra en pleno proceso de desmaterialización y
aceleración, conducido por la lógica que establecen las tecnologías de
la información y la comunicación. Alrededor
de estas tecnologías se ha construido una ideología de contenido teleológico
que hace de la comunicación su razón de ser y del ordenador su líder
carismático, en la que confluyen propósitos e intereses de muy diversos
orígenes. Las
técnicas de comunicación y simulación digital representan una nueva
etapa en el empeño del ser humano por superar los límites que le
imponen el tiempo y el espacio. Esta búsqueda conduce hacia la disolución
de lo real en un largo y perpetuo simulacro, en el que lo material y lo
inmaterial se funden en una sucesión de mensajes binarios generados por
un flujo intermitente de impulsos eléctricos. En el trayecto ha creado
ritos y liturgias, ha inventado el dibujo y la escritura, ha leído en
las estrellas y ha ideado formas para medir el tiempo y el espacio, y ha
confiado en filósofos y en la técnica que, desde los primeros
utensilios de piedra hasta las más poderosas computadoras, ha
determinado el rumbo de la humanidad.
El ordenador, siguiendo la senda que lo ha llevado desde sus orígenes
como poderosa máquina de calcular, a su paso como procesador de
información y máquina de almacenamiento de datos más adelante, hasta
su posterior mutación en instrumento de representación
(y simulación) es hoy una versátil máquina de comunicar (¿universal?)
gracias a su encuentro con las redes de telecomunicaciones. En
los mensajes panegíricos que rodean a las tecnologías digitales, las
redes telemáticas aparecen como una poderosa plataforma de transformación
social, portadora de libertad, justicia y bienestar. Las técnicas
avanzadas de comunicación y simulación digital conocidas como realidad
virtual, participan
plenamente en este mismo imaginario construido por promesas y
predicciones mediáticas que
enmascaran los rasgos verdaderos del mundo que se nos propone (e impone).
La
noción de realidad virtual –
denominación introducida en la segunda mitad de la década de 1980, de
sugerente eco filosófico y gran impacto mediático, pero de discutible
validez científica – se refiere, en su origen, a técnicas de
comunicación y simulación digital que aspiran
a crear realidades simbólicas
que impliquen a todos los sentidos.
Explorables, visualizables y manipulables bajo la forma de imágenes
y sonidos tridimensionales, buscan producir en el operador humano una sensación auténtica de
presencia física natural en el
interior del espacio simulado. La realidad
virtual - a la que indistintamente también denominaremos simulacros virtuales,
simulación digital multisensorial o realidades inmateriales[1]
- aparece como una nueva manera de hacer visible lo invisible, de dar
volumen a lo que nunca fue ni será materia. Constructora
de espacios simbólicos para mirar, actuar y hablar, y como tal,
última manifestación de la necesidad humana de buscar senderos a
través de los cuales expresar nuestros sentidos y nuestra imaginación.
Estar allí donde no estamos. Hacer aquello que hacemos. Objetivo mágico
que nos obliga a preguntarnos acerca de la naturaleza de lo real. A
cuestionarios, una vez más,
cuales son los referentes con los que damos forma a nuestra
existencia. En
las páginas que siguen buscamos (re)situar los
simulacros virtuales en tanto nueva etapa del milenario proceso de
desmaterializacion de lo real, dentro de un marco teórico que aborde los
riesgos y los desafíos que plantea la rápida digitalización de una
porción reciente de las relaciones sociales en el marco de la
globalización económica, política y cultural que caracteriza a nuestro
tiempo.
Sobre esta base inicial, desarrollamos nuestro análisis apoyándonos
en las relaciones que se establecen entre las tecnologías de comunicación
y simulación digital, los discursos que generan y los referentes de los
que se nutren, en el contexto de la poliédrica sociedad contemporánea,
caracterizada por la mediatización tecnológica del conjunto de las
actividades y de las relaciones humanas. Hemos incidido con insistencia
en el hecho de que ningún cambio social sucede fuera de la sociedad, que
el uso de ninguna tecnología se impone por imperativo legal ni económico.
Sin olvidar tampoco que toda tecnología es un proyecto concreto de
actuación concebido y realizado por seres humanos según sus intereses y
deseos, que favorece usos y funciones determinados, y no otros. Desde
la inteligencia artificial a la simulación multisensorial, la
computadora aparece anta la sociedad como la máquina de todos los
prodigios, capaz de reproducir fielmente, e incluso mejorar, todas las
funciones humanas, y de
recrear la apariencia y las propiedades de lo material y de lo imaginado.
Pero además la informática, sustrato técnico de una gran apuesta de
desarrollo económico, se presenta como una herramienta que privilegia y
amplifica las capacidades lógicas del ser humano dentro de un escenario
en el cual han surgido nuevas y sofisticadas formas de control social,
basadas en la exaltación individualista y en una adormilante ilusión de
libertad ilimitada. Los
sistemas de comunicación y simulación digital tienden a convertir en
ambiguas las diferencias entre lo natural y lo artificial, entre el
cuerpo y la mente, entre lo falso y lo verdadero, entre el sujeto y el
objeto, y entre éste y su representación, haciendo de toda verdad un
posible y de toda certeza una duda. La pantalla omnipresente de
computadoras, televisores, cajeros automáticos, circuitos cerrados de
vigilancia y salas de cine abre una ilusión de presencia separándonos
de la realidad material de nuestro entorno. La
introducción de la informática (y la robótica) en el trabajo, la enseñanza,
el ocio y la cultura ha generado una dinámica que incide directamente en
nuestra vida cotidiana. La manera de relacionarnos con nuestro entorno y
con nuestros semejantes, la percepción de la realidad, nuestra idea del
mundo, la noción del tiempo y del espacio, se han visto afectadas por el
inicio de un lento proceso de mutación del cual en ocasiones no tenemos
plena conciencia. La
aceleración tecnológica provoca entusiasmo y esperanzas, pero también
confusión e incertidumbre. Las propuestas verdaderamente innovadoras se
diluyen, muchas veces hasta perderse, en la avalancha publicitaria de
mercaderes en busca de buenas oportunidades de negocio. Parece el caso de
Internet, que en pocos años ha pasado de ser un espacio comunitario de
comunicación entre las personas, en el que la realización de Utopía
se presentaba como posible, a escenario de luchas económicas y políticas
de primera magnitud. La
comunicación y la información, confundidas con la simulación en la
aceleración del proceso de des-materialización de lo social que impone
la (tendencial) digitalización de todos los mensajes, son elementos
decisivos para la justificación y consolidación del modelo económico y
social impuesto por los centros de poder. Un modelo caracterizado por la globalización
económica y la fractura social, en el que el ordenador cumple un
papel fundamental. Este libro, resultado de cuatro años de investigación y reflexión, propone al lector claves para comprender los caminos a través de los cuales las tecnologías de la información y la comunicación han ido ocupando parcelas cada vez importantes de nuestras vidas hasta alcanzar un lugar predominante y decisivo en el funcionamiento de la sociedad (¿post- moderna?). A lo largo de sus páginas se rastrean los orígenes y se analizan las repercusiones sociales y culturales de la comunicación y la simulación digital, entendidas como símbolo e impulsoras de la sociedad contemporánea. (c) Diego Levis, 1999
[1]
Justificación de la terminología propuesta: ·
Simulacro
virtual:
la posible contretización de experiencias y espacios creados
digitalmente, siempre representará un simulacro respecto a su
intención de realidad, que podrá manifestarse con mayor o menor
realismo, pero que por su propia naturaleza infográfica nunca traspasará
los límites del sistema técnico en el que fue concebido y programado. ·
Simulación
digital
multisensorial o integral: lo
que conocemos como realidad virtual es una simulación generada por
computadora que en su forma ideal se dirige al conjunto del aparato
perceptivo del ser humano, con el fin de crear una sensación de
presencia análoga a la de una experiencia en el mundo físico (real) ·
Realidades
inmateriales una
simulación digital es un tipo de realidad de carácter casi simbólico,
cuya naturaleza electrónica hace que tienda hacia la inmaterialidad.
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Hacia
una nueva comprensión del mundo (extraído del capítulo
Senderos del Futuro. Conclusiones provisionales) ¿Existe una gran diferencia
entre nuestra cosmovisión del mundo y la de nuestros abuelos o
bisabuelos? ¿Y en relación con nuestros antepasados grecorromanos? ¿Acaso
tenía razón Antonin Artaud cuando en El Teatro y su Doble proclamaba
que las obras maestras del pasado son buenas para el pasado pero no para
nosotros, porque no corresponden a la “sensibilidad actual”? Pero en
tal caso ¿cuáles son las especificidades de la sensibilidad contemporánea
respecto a las “sensibilidades antiguas”? ¿Puede hablarse de una
nueva racionalidad? Lo cierto es que, al margen
de diferencias en su formulación, los grandes temas que han preocupado a
la civilización judeocristiana desde tiempos pretéritos perviven en
muchos de los temores e inquietudes (y en el comportamiento) de nuestro
tiempo. Si así no fuera, ¿cómo explicar el interés vivo que nos
provoca el pensamiento filosófico y religioso nacido hace siglos, capaz
de darnos indicios de lo que sucede en nuestro presente?. ¿Cómo
comprender la emoción que nos producen poemas y novelas de todos los
tiempos, que tantas veces nos hablan de nuestros propios sentimientos? ¿Y
acaso no son el lenguaje binario y la racionalidad cartesiana muy
anteriores al primer ordenador?. Por esto, pensamos que más
que de ruptura resulta más apropiado hablar de evolución y continuidad.
Prolongación de la pulsión ancestral del ser humano por superar los
limites que le imponen el espacio y el tiempo. Una búsqueda que de
culminarse con éxito, habrá, sin duda, de modificar algunos de los
grandes preceptos de la concepción que el ser humano posee sobre sí
mismo y del mundo que le rodea. Sin embargo, existen ciertos indicios de
que en el camino se han ido produciendo algunos cambios; aún demasiados
próximos en el tiempo como para evaluar su verdadera repercusión. Edgar Morin, por ejemplo,
observa que la técnica modifica las relaciones entre las personas y las
relaciones de las personas con el mundo, pues objetiviza, racionaliza y
despersonaliza. Joel Rosnay (1995), por su parte, sostiene que el uso de
la informática provocará el nacimiento de una nueva forma de comprender
la naturaleza, es decir el mundo, basada más en la síntesis que en el
análisis. Mientras que para Alberto Munari (1990) las mutaciones
culturales en curso son muy importantes pues tocan aspectos profundos del
comportamiento comunicativo humano y por la velocidad con la que se
manifiestan. Pero estas mutaciones no son de diferente naturaleza que las
que siempre han guiado la evolución cultural. Se trata de pasar a
niveles de representación cada vez más refinados. Los cambios más
profundos, afirma este autor italiano, conciernen a la relación que el
individuo establece y elabora respecto a la misma noción de cultura. Precisamente es esta relación
con el saber la que determina el uso que se puede hacer de los nuevos
medios interactivos. Relación que en la cultura nor-occidental se ha
basado siempre en la distinción entre realidad y representación. El
actual sistema mediático representa el progresivo desmoronamiento de los
marcadores de realidad tradicionales. Fenómeno que encuentra su
culminación en la aspiración hiperrealista de las simulaciones
multisensoriales. El mundo contemporáneo,
cada vez mas uniformizado y mediatizado, es cada vez más difícil de
comprender y de vivir para quienes conservan una relación con el saber
basada en la búsqueda de la separación definitiva entre sujeto y
objeto, entre naturaleza y cultura, entre realidad y representación,
entre verdad y ficción (Munari 1990). Sin embargo, lejos de significar
una amenaza general para el saber, la ausencia de certidumbres puede
significar, en ciertos casos, la apertura de una nueva vía hacia las raíces
del conocimiento, más allá de las falsas evidencias que muchas veces
nos provee nuestra percepción sensorial inmediata, tan proclive a
dejarse engañar por las sensaciones. Primero la fotografía y el
cine, y posteriormente la radio y la televisión han contribuido a una
paulatina, pero implacable, des-construcción de lo real en un simulacro
dentro del cual la ficción convive con la información hasta fundirse la
una dentro de la otra en un espectáculo sin principio ni final. Es la
hora del infotainment, -contracción de información y de entertainment
(entretenimiento en inglés)- que en el tránsito hacía la completa
disolución de todos los mensajes en su re-creación digital se apodera
de las pantallas del televisor, en una escenificación permanente,
paralizante, de la vida. La televisión - flujo
continuo e ilimitado de información y comunicación, convertidas en una
mercancía que en su propio exceso va perdiendo, irremediablemente, su
valor informativo - como otros medios, construye una “realidad” que
se mantiene y se refiere sólo a sí misma. La realidad mediática tiende así a
convertirse en el punto de fuga de todo conocimiento, banalizando toda
información, todo saber en la compulsión del entretenimiento.
Neutralizando, hasta hacerla desaparecer, aquella otra realidad que
transcurre fuera de los limites establecidos por los propios mass-media. “(...)de hecho, la intensificación de las
posibilidades de información sobre la realidad en sus más diversos
aspectos vuelve cada vez menos concebible la idea misma de una realidad.
Quizá se cumple una “profecía” de Nietzsche: el mundo verdadero, al
final, se convierte en fábula. Si nos hacemos hoy una idea de la
realidad, ésta (...) no puede ser entendida como el dato objetivo que
está por debajo, o más allá, de las imágenes que los media nos
proporcionan” (Vattimo 1994:81)[1]. El mundo que nos muestran los medios arrastra
dolor, confusión, violencia y tristeza. El desasiego, la desesperanza
nos envuelven. Apenas hay lugar para la alegría de vivir. No es de extrañar.
La tristeza, la angustia disminuyen nuestra capacidad de reacción.
Convencidos de que la vida es dura y pesada, que el mundo es un lugar
peligroso e injusto que nada podrá cambiar dejamos de ser actores de
nuestra vida para ser objetos de temores inducidos que alimentan nuestros
propios temores íntimos. La realidad se convierte de este modo en una gran simulación multisensorial programada por los intereses de los poderes políticos y económicos, en la que tenemos absoluta libertad, siempre y cuando no salgamos de los limites preestablecidos. Como dicen Gilles Deleuze y Paul Virilio, los poderes tienen menos necesidad de reprimirnos que de angustiamos, de administrar y organizar nuestros pequeños terrores interiores.
(c)
Diego Levis, 1999 [1]
Cursivas
en el texto original. El mismo Vatimo (1994:154) sostiene que “la
sociedad del espectáculo”
no es sólo la sociedad de las apariencias manipuladas
por el poder, sino que es también una sociedad en la que la realidad
se da con caracteres más débiles y fluidos. |
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